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Proyecto de investigación 

Templo de San Buenaventura


El Templo de San Buenaventura, ubicado en Yaguarón, Paraguay, es un destacado ejemplo de la arquitectura barroca franciscana, construido entre 1755 y 1772. Este edificio no solo es un lugar de culto, sino también un importante patrimonio cultural que refleja la historia y la espiritualidad de la región.
La construcción del templo fue iniciada por el sacerdote Dr. Carlos Penayo de Castro, conocido como el pa’i CARO. La obra fue dirigida por el tallista portugués José de Souza Cavadas, quien trabajo junto a indígenas de la doctrina de Yaguarón, formados en el arte por misioneros franciscanos. El templo fue erigido en honor a la Virgen de la Inmaculada Concepción y San Buenaventura, y su retablo mayor es una muestra del barroco colonial paraguayo. Como toda fábrica de materiales mayormente perecederos, y en la ausencia de la atención precisa para protegerlo del inevitable deterioro, este templo experimentó al correr de pocos lustros el consiguiente daño, que la feligresía no siempre estuvo en condiciones de atender.
No cabe duda de que el templo de Yaguarón es una de las joyas más lindas que -no obstante el descuido de los habitantes y de las autoridades- aún guarda el continente Latino Americano. Fue retocada posteriormente en 1803 con la participación de artesanos paraguayos, sobre todo en sus partes externas y luego hacia la mitad del siglo XX se realizaron por dentro laboriosas tareas de restauración en el retablo mayor y en la sacristía. Actualmente suscita tristeza ver las condiciones en las que se encuentra el templo, no solamente por la urgente necesidad de una restauración, sino por el desorden y la suciedad que reina dentro del mismo y en diferentes dependencias, como la sacristía. La situación del templo describe la situación del pueblo: una caricatura de lo que era antes, cuando la fe era el corazón y el respiro del pueblo.
Todos los pueblos y ciudades de la civilización cristiana se configuran arquitectónica y urbanísticamente con el templo como punto originante: el pueblo mismo o la ciudad se desarrollan a partir y alrededor del templo. La iglesia de Yaguarón es un ejemplo. Ubicada en una leve pendiente, con la fachada principal a oriente, estaba rodeada por la gran plaza, llamada también plaza de armas que lindaba con las calles y los edificios públicos en los cuales vivían los responsables de la cosa pública. Todas las calles que separaban las diferentes cuadras tenían su punto de partida -como rayos- en el templo con la plaza de armas. La ciudad o el pueblo era como el sol representado por el templo, con los rayos que se extendían hacia los cuatro puntos cardinales, dando origen a las diferentes manzanas en las cuales se ubicaban los edificios en los cuales vivía la gente, las familias. Para percibir en modo adecuado la distribución urbanística de Yaguarón, como en todos los pueblos y ciudades cristianas, la imagen más correspondiente es la del cuerpo humano: la cabeza y el corazón es el templo y con él la Eucaristía; las arterias las calles y los demás órganos, las diferentes estructuras que permiten la convivencia humana de la gente.


En este punto es de gran importancia, antes de seguir describiendo la belleza de la iglesia de Yaguarón, explicar qué era el óga guasu guaraní. La construcción óga guasu (casa grande) se diferenciaba del óga jekutu (casa clavada) por su mayor tamaño y a veces por su unción religiosa. El óga guasu era una forma primitiva de templo de los guaraníes. En las 'casas grandes" óga guasu los chamanes y el pueblo celebraban sus ceremonias religiosas, plegarias y danzas rituales. Cada elemento de esas construcciones tenía su nombre exacto y el correspondiente sentido místico de particular belleza poética que explicaba su unción y sus propiedades más significativas.

Las viviendas comunes se llamaban óga jekutu. Ambas construcciones eran edificadas sobre horcones y tenían el techo de hojas de palmas pindó, jata'i. Con la llegada de los misioneros se introdujeron unos elementos nuevos en la arquitectura del óga guasu y el óga jekutu. El par y el nudillo, que permitieron desplazar las hileras de las columnas centrales, las óga aka mbyte jokoja, que sostenían las pesadas vigas cumbreras óga aka Mbyte, los pilares ahora desplazados del centro pasaron a ser los óga kyta, alineados en dos filas, conformando el equivalente de las tres naves de las iglesias europeas. El templo de Yaguarón es un ejemplo de esta arquitectura guaranítica que en una admirable síntesis con el arte europeo ha creado esta joya.

Los elementos fundantes -sostén del edificio- en la arquitectura del templo no son las paredes sino los "horcones" o columnas que sostienen el techo. En la edificación del óga guasu o del óga jekutu la primera preocupación era la de plantar tos horcones que sostenían el techo a diferencia de Europa en donde las paredes eran tos elementos principales de cualquier edificación. Por dentro toda la techumbre se asienta sobre cuatro filas de columnas de urundey, y se inclina en dos vertientes que sobrepasan tos mismos límites hasta pararse en pilastras rectangulares. Así es como se dan a la vista las piezas de la armadura que según J. Giuria muestra un hermoso artesanado que recuerda tos de par y nudillo de antiguas iglesias españolas. Sus paredes son de adobe con tierra colorada que alcanzan en parte hasta los 2,80 metros de espesor, que permitía disfrutar de una temperatura ideal sea durante el terrible verano subtropical, como durante tos peores meses de invierno.

Entrando en el templo y pisando un hermoso piso de arcilla, la cosa que inmediatamente asombra a la mirada es el retablo del altar mayor, con la riqueza de detalles que lo caracterizan. El templo consta de tres naves entre cuatro filas de columnas de madera tallada de ocho metros de alto.

La primera cosa que encontramos a la entrada del templo es la pila bautismal, ubicada, según una concepción tan antigua como la Iglesia. El neófito que quiere entrar en la Iglesia, de la cual el templo es figura, necesita del Bautismo, es decir del sacramento que da al ser humano una nueva ontología que hace del hombre una criatura nueva nacida del agua y del Espíritu Santo. El Bautismo es el acontecer del hombre nuevo, es el injertarse de la criatura nueva en el místico cuerpo de Cristo que es la Iglesia. El Bautismo devuelve la belleza original a la criatura, aquella belleza perdida por el efecto destructor del pecado original.


Unos pasos más hacia delante, un gran crucifijo en madera atrapa completamente la mirada de quien, con inteligencia conmovida, visita el templo. El crucifijo, la memoria viva de la redención, la memoria viva de un Hombre, el Hijo de Dios, que muriendo nos ha devuelto la inmortalidad. La cruz -y el crucificado* nos recuerdan también cuan pecadores somos y nos señalan dos hermosos confesionarios a unos metros de distancia a ambos lados de la Iglesia. Los confesionarios son dos auténticas joyas del barroco, con dos metros de alto por casi uno de ancho y ricamente adornados con numerosos arabescos pintados con colores vivos. Cada detalle es atentamente cuidado según aquel espíritu cristiano que caracterizaba a la época, por el cual la experiencia de la fe tenía que ver con todo. La belleza de los confesionarios se expresa en la totalidad del diseño y de la pintura, como también en la sencillez de la estructura que permite al pecador arrodillarse cómodamente delante del confesor y pedir perdón por sus pecados. El confesionario expresa estéticamente el sentido teológico del sacramento: lugar de la gracia reencontrada después de la experiencia triste del pecado. La gracia recibida como don en el bautismo es continuamente recuperada como don a través del sacramento de la Confesión. La belleza de los confesionarios, que resplandece en todos los detalles, nos remite a la belleza de la gracia que a través del sacramento es restituida al hombre y enriquecida por la misericordia de la Iglesia.

El pulpito se hada casi adosado a la tercera columna -contando desde el altar principal-, mide más o menos siete metros de altura y su forma es hexagonal. La base parece representar a un gladiador antiguo -por su vestimenta- que con sus brazos en alto lo sostiene, y al cual el sacerdote llegaba a través de una escalerita. Además, muestra bellísimos dibujos, reproduciendo en pinturas ya casi decoloradas, unos predicadores cristianos.


El altar mayor es el centro de la nave principal y se eleva por debajo de una amplia bóveda, descansando sobre cuatro ménsulas probablemente de urundey de las cuales se desprenden columnas profundamente ornamentadas de guirnaldas de mores en madera tallada.

La nave del altar muestra una combinación de dibujos alegóricos y un revestimiento de polvillo de oro y plata. El majestuoso retablo, obra del maestro portugués José de Souza Cavados y maestros artesanos de la Reducción Franciscana de Yaguarón entre los años 1755 y 1772 mide 14 metros de alto por 6 de ancho y 3 de profundidad.

Hecho en madera de petereby en estilo barroco portugués, influenciado por el Rococó Francés, muy propio de la época. Se destaca la belleza de la excepcional policromía que caracterizan todos los detalles que forman de este retablo la viva imagen del romano en la tierra.

Este conjunto de belleza no solamente contiene en miniatura el contenido de la revelación cristiana, sino que indica el camino de la salvación. Existen como dos movimientos que caracterizan la totalidad del retablo, dos movimientos que describen el acontecimiento cristiano: la historia de la salvación del hombre y del cosmos. El primer movimiento es de arriba hacia abajo y describe la trayectoria de la Encamación, mientras que el segundo es de abajo hacia arriba, describe el camino de la libertad humana que adhiere al Misterio de la redención.

Por otra parte, nos sería imposible comprender y gustar la belleza del retablo, que es una acabada catequesis sobre los Misterios de la fe católica, si no conociéramos qué es el Cristianismo. Podríamos decir que los franciscanos al crear este retablo tenían claro, -como en la Edad Media cuando el pueblo en su mayoría no sabía ni leer, ni escribir-, que el lenguaje del arte es la forma de comunicación más inmediata para explicar las verdades de la fe. El retablo del altar mayor es un verdadero libro de catequesis, en el cual el indio convertido podía leer y gustar la belleza del encuentro hecho con Cristo. La estética cristiana es propuesta como un modo de conocimiento. Aclarado este punto volvemos a la cuestión: ¿qué es el Cristianismo?

Contemplando el retablo se vuelve manifiesto que no es una religión, es decir, una tentativa humana de dar un rostro al Misterio, un esfuerzo humano de imaginarlo. La razón del hombre, por su naturaleza reconoce la necesidad de un Misterio, de una Y explicativa de la realidad, pero no puede, con su capacidad, quedarse en el vértice de este reconocimiento sin crear el Ídolo, es decir, sin dar un rostro a esta V. Podemos definir las religiones como un movimiento de abajo hacia arriba, una tentativa de unir el presente con el infinito. La imagen que Víctor Hugo describe en su obra "Le point" me parece la más adecuada para describir este esfuerzo y también para decir qué es, en cambio el Cristianismo.


El altar mayor del templo de Yaguarón, su bellísimo retablo es la descripción exacta de esta verdad. En la parte más alta, la figura de Dios Padre que sostiene en la mano al mundo, rodeado de los querubines, envía al Espíritu santo, representado en forma de paloma a la Virgen María: “El Verbo se hizo carne y vive entre nosotros" en la Eucaristía, de la cual el sagrario y el magnífico altar son el lugar del sacrificio y de la presencia física del Hijo en el tiempo y espacio.

Los querubines son los que sostienen la figura de Dios Padre, que está representado con la mano derecha levantada en signo de poder y de bendición y con la izquierda sosteniendo al mundo, "obra de sus manos", y sobre el mundo brilla una cruz dorada, símbolo de la nueva creación realizada por Jesús, su Hijo. El triángulo corona la cabeza del Padre, esculpido según la tradición iconográfica, con cara de anciano y barba plateada. El triángulo representa la Trinidad y la Unidad de Dios.

Dos angelitos con una faja colorada al viento vuelan al lado del Padre, uno ayudándolo a sostener el mundo y el otro con las manos abiertas alabándolo. Esos mismos angelitos parecen sostener el sagrario en el cual vive Cristo Eucarístico.

También los querubines que sostienen la figura del Padre, ahora los contemplamos formando una corona alrededor de la puerta del sagrario, en la cual un hermoso bajorrelieve representa al cordero de Dios inmolado y al mismo tiempo victorioso. El sagrario es de una hermosura impresionante, testimonio de la conciencia que los indios cristianos tenían de la presencia eucarística.

Los tres arcángeles ocupan lugares diferentes: San Miguel, símbolo de la victoria parcial sobre el mal en el lado derecho mirando el Sagrario, como diciéndonos que la victoria final y definitiva sobre el mal es el acontecimiento de Cristo; San Gabriel tiene su nicho en la parte derecha de arriba del retablo, mientras San Rafael en la parte izquierda. Ambos son representados según la iconografía tradicional.


Finalmente, a la izquierda del Sagrario, en un nicho, encontramos la figura del Santo Patrono de Yaguarón, el franciscano San Buenaventura, con su vestimenta de obispo.

Todas estas figuras forman parte de la belleza, grandeza y santidad de la Iglesia.

La mesa del altar muestra una combinación de dibujos alegóricos y un revestimiento de polvillo de oro y plata.

Entrando a la izquierda una linda escalera de madera policromada nos lleva a un entrepiso, donde en las antiguas iglesias era ubicado el coro que acompañaba las diferentes liturgias del año. El canto, como la arquitectura, la pintura, la escultura, era parte integrante de la comunidad cristiana y de su expresividad creativa. El canto, como afirma Morís. Luigi Giussani, es "la expresión más alta del corazón humano, la caridad más grande que existe, porque el canto acerca y permite la visibilidad del Misterio. No existe ningún instrumento más educativo del corazón humano como parte de un pueblo, es decir una comunión, no existe nada que glorifique a Cristo más que el canto".


Por detrás del altar mayor, transversalmente está la sacristía de doce metros de largo que se asemeja más bien a una capilla. Por arriba está cubierta de una falsa bóveda trabajada con piezas rectangulares de madera bellamente tallada y con una policromía de verde, rojo, gris y violeta. En la misma sacristía se alza un retablo en el cual aparece combinado un altar con varias líneas de cajonería, todo tallado admirablemente. Estos colores como también los del templo, fueron obtenidos de sustancias vegetales: el negro del ñandypa (ginipa americana) el rojo del urucú (bixa orefana), el verde del yryburetyma (eupatorium laeve) y el amarillo del ysypó (escobedia scabriíolia).

La sacristía para la comunidad cristiana no era el depósito del templo, sino una parte integrante del mismo y tenía la unción de ser el lugar en que el sacerdote se preparaba para la Santa Misa, y también el lugar en que se guardaba todo lo que servía para el desarrollo de la liturgia, en particular de la Santa Misa. El nombre "sacristía’ nos recuerda la unción sagrada de este lugar. Por este motivo la sacristía de Yaguarón parece una capilla de la misma iglesia y el ropero que guarda la vestimenta y los usos sagrados semeja un altar en el cual dominaba la figura del crucifijo. Cada detalle de la sacristía y de los diferentes muebles que la caracterizan es expresión de aquella belleza de aquella armonía que expresaba la santidad de los que habitaban aquel pueblo.

El retablo

Eminentemente católico, el retablo barroco se encuentra en el altar mayor de Yaguarón. Es importante aclarar que el retablo no es una invención del barroco pero, sin embargo, aparece claramente como una forma privilegiada del sistema y se aviene a la noción del aparato. La unidad del barroco y la contrarreforma, implica la unidad de lo estético y lo sacramental. De ahí que el retablo sea una escenografía que seduce debido al sentido provocado por una verdadera arquitectura.

Hay órdenes superpuestos, columnas, pilastras, frontones, nichos, y ménsulas. Todo está cargado de un acento voluntario, es deliberado: ¡Nada es demasiado precioso para la casa del Señor, el dorado de la madera atrae la mirada al centro de la composición!

EL ALTAR DE YAGUARÓN

El altar de Yaguarón es el desvelarse de los tres misterios de la Iglesia:

-           la Santísima Trinidad

-           la Encamación

-           la Redención

Representa el desenlace de un discurso que aparece como una espera de esta revelación. Veamos la expresión de sus riquezas. Hay en el barroco una aprehensión literaria del orden material con su valorización sobre todos los planos, que se opone a la purificación intelectual, cartesiana, de la naturaleza y a la depuración "malherbiana" preciosa y académica. El barroco no hace elección ni jerarquía, pareciera que confunde todo. La unidad de la obra de Yaguarón es una unidad de convergencia hacia el altar y tiene esta “confusión" igualitaria de las categorías. La truculencia y el amaneramiento representan la creación del universo, donde todas las cosas tienen sentido solamente como componentes no privilegiadas del mundo, es decir, dejan el trono a lo más importante: Jesús Eucaristía, quien absorbe todas las posibilidades decorativas.

Iglesia Católica mantiene silencio sobre despojo al templo de Yaguarón

En mayo de 1854, Don Carlos Antonio López, mediante una "suprema providencia" dirigida al Jefe de urbanos de Yaguarón solicitaba el envío de unos retablos colaterales de la Iglesia de dicha localidad, que según Don Carlos, estaban "por demás" y que "pueden servir para otro destino*.

Por supuesto, en aquel entonces nadie podía objetar semejante pedido, más aún cuando el dictador estaba construyendo una Iglesia para su futuro mausoleo, en cercanía de su casaquinta. Es así que octubre de ese mismo año el jefe de Urbanos, informaba a Don Carlos que había cumplido con su pedido remitiendo en 14 carretas los altares laterales desarmados, cercenando así la emblemática Iglesia de Yaguarón.

Desde hace 50 años, los yaguaroninos reclaman la devolución de dichos altares, en diversas oportunidades, pero sin resultados. En la actualidad una nueva iniciativa de pobladores busca concretar el retomo.

Carlos Antonio López escribe al jefe de Urbanos de Yaguarón


"Se me ha dicho que hay en esa iglesia unos retablos colaterales, que allí están por demás y para ver si pueden servir para otro destino, tome Usted las medidas de alto y ancho de cada una y el número de nichos o acomodar los santos que tengan, debiendo también expresar  la base de pintura para determinar con estos conocimientos, él envió de un práctico para desarmarlos y acomodarlos bien de manera que no lleguen a estropearse en carretas. También calculará en cuantas carretas le puedan traer, cuyas explicaciones asentará Usted a continuación de esta nota y me dirigirá”, reza la suprema providencia de Carlos Antonio López dirigida al jefe de Urbanos de Yaguarón, y que tiene la fecha de "Asunción mayo 26 de 1854" Reclamos de los yaguaroninos En agosto del año 2016, el intendente de Yaguarón doctor Luis Rodríguez, remitió una larga misiva al ministro de Obras Públicas y Comunicaciones de entonces Ramón Giménez Gaona peticionando la restitución de los dos retablos laterales que forman parte de la estructura artística del majestuoso templo de San Buenaventura. El 30 de noviembre del 2017 el intendente Rodríguez remitió otra nota. En esa ocasión acudió al nuncio apostólico Eliseo Ariotti, informando sobre el inicio de las gestiones tendientes a la recuperación de los altares laterales. El 22 de mayo del 2018 Rodríguez volvió a remitir una nota al párroco de la Iglesia de Trinidad, presbítero César Llamosa, en la que ruega a la feligresía de Trinidad “estudiar y tratar para ceder los altares laterales”. A cambio la municipalidad se ofreció donar a la Iglesia de la Santísima Trinidad una réplica exacta de dichos altares. Patrimonio de la humanidad Según Rodríguez, la devolución de los referidos altares es de suma importancia porque la lglesia de San Buenaventura de Yaguarón se encuentra en la lista de espera de la UNESCO para convertirse en Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, todas las instituciones, incluida la Iglesia Católica mantienen un silencio sobre el reclamo de los yaguaroninos. Una fuente de la Arquidiócesis, consultada por periodistas de "Primer Pliego" quien por prudencia solicitó el anonimato, señaló que corresponde devolución de los altares laterales pues evidentemente se trata de un despojo y que la Iglesia no puede ser cómplice de una arbitrariedad de ese tipo. El argumentó que quienes tienen la responsabilidad de decidir en este tema son los obispos de ambas diócesis. Es decir, monseñor Edmundo Valenzuela, de la arquidiócesis y monseñor Celestino Ocampo de la diócesis de Carapeguá, bajo cuya jurisdicción se encuentran los templos afectados. "Esto se puede concretar simplemente mediante un acuerdo entre ambos obispos”, señaló la fuente. En noviembre del 2019 un nuevo pedido de devolución de los yaguaroninos fue presentado a la arquidiócesis de Asunción. Sin embargo, nuestra fuente devolución. En el año asegura que no existen registro de que se haya solicitado la 2012, el periodista Javier Yubi, publicó en la revista dominical de ABC Color presidente un del fotomontaje realizado a pedido del arquitecto Julio Decoud, Comité Paraguay de ICOMOS (consejo Internacional de Monumentos y Sitios). Mediante este recurso se pudo tener una visión real de cómo se veía el conjunto escultórico en su estado original. "Es de una belleza extraordinaria y hay toda una secuencia y una comunicación que se cortó con el retiro de los dos altares laterales. Se ve que las columnas van salomónicas del centro son perfectas, como las que están en Roma y las de los costados cambiando especie de troncos. O sea según que la imaginería indígena y se vuelven una esas columnas tan complejas se convierten prácticamente en tronco de árboles a los costados. Entonces, otorga una lectura en secuencia de la relación entre los evangelizadores y los habitantes primitivos de Yaguarón”, señalaba en dicha publicación Decoud. Julio Decoud, declaraciones a la Revista Dominical de ABC Color, en el 2012. Un verdadero acto de patriotismo Según el experto sería un verdadero acto de patriotismo lograr que los altares laterales sean devueltos a Yaguarón. “Yo vería con buen agrado si esos altares se de restituyeran en su lugar original. Creo que esa Iglesia de Yaguarón es uno los conjuntos artísticos que deben ingresar a la lista de Patrimonio de la Humanidad,

como las ruinas jesuitas. Pero para eso estar reconstruida con sus altares laterales. Supongo que no sería una cuestión fácil, tiene que porque el hecho de estar tanto tiempo en una iglesia, posiblemente haya creado un sentido de pertenencia en la gente, pero si fuéramos realmente patriotas, tendríamos que hacer renunciamientos frente a un bien común, que es la lglesia de Yaguarón orgullo de todo el Paraguay”, ratificaba Decoud en la publicación de referencia. Historia de los retablos de Yaguarón Ahora queda esperar que los obispos de Carapeguá y la arquidiócesis demuestren un poco de madurez y patriotismo para reparar el rastro de la prepotencia de un gobernante y devolver al templo de Yaguarón todo su esplendo, tal como fue concebido en su origen. El conjunto de la imaginería sacra de Yaguarón fue hecho por el escultor portugués José de Souza Cavadas en la segunda mitad del siglo XVIIL La población se estableció como Misión Franciscana en 1586, bajo la tutela de los frailes Luis de Bolaños y Alonso de San Buenaventura, En 1755 se inició la construcción del tempo y finalizó en 1772. La Iglesia de Yaguarón forma parte de circuito turístico La iglesia cultural, es del departamento. San Buenaventura, antiquísima, exótica y de inigualable valor carta de presentación para el turismo alternativo del 9” Ubicada en la "puerta de entrada” a la región, el lugar sacro forma parte del Circuito de Oro turístico del país. YAGUARÓN (Catalino Ibarra, corresponsal). Conocida como la Maravilla de Arte Barroco-Franciscano-Guaraní, el templo local conserva originales tallados y pinturas sobre madera. La calidad del arte sacro se puede apreciar en el retablo, los confesionarios y los detalles que componen las aberturas del imponente local. El origen del poblado data de 1586, tiempo en que se estableció en el lugar la misión franciscana encabezada por los frailes Luis de Bolaños y Alonso de San buenaventura, En esa ápoca la ciudad era poblada por indígenas carios- 18 guaraníes, que más tarde trabajaron en los tallados que hasta hoy lucen incomparables en el interior de la iglesia. Según los documentos, la construcción del templo se inició en 1755 y fue finalizada en 1772. El altar de la iglesia es una de las Maravillas del Arte Barroco Franciscano-Guaraní. La dirección de esta obra es atribuida al artista portugués José de Sousa Cavadas, quien habría orientado a los indígenas para construir el retablo. En que la cima del altar se puede apreciar la representación viva de Dios, un rostro los franciscanos le dieron a Jesucristo, con ojos ligeramente rasgados y pómulos salientes, muy parecido a los nativos guaraníes. Se presume que esa caracterización franciscana (no utilizaron la cruz), a diferencia de la jesuita, era para catequizar a los nativos sobre la bondad y no sobre un ser crucificado. Para los franciscanos era demasiado violento iniciar la evangelización de los guaraníes sobre el concepto de la vida y la muerte. En la actualidad, el templo sigue siendo un centro religioso y cultural de la región, visitado anualmente por miles de turistas. Su exuberante belleza interior es la principal atracción. Marca Pypore La de la iglesia de Yaguarón forma parte del Circuito de Oro, que la Red Cooperativa Emprendedores Turísticos (Cotur) promociona como Marca Pypore, un recorrido a pueblos y ciudades con legado franciscano en su arquitectura, vida cotidiana, artesanía y gastronomía. El proyecto es dirigido por empresarios particulares y cada semana trae a esta comunidad a cientos de turistas paraguayos y extranjeros, con ganas de conocer el encanto expresivo de arte nativo-guaraní. En peligro, el intendente local, alertó sobre el peligro de daño en la estructura del templo que está causando la gran cantidad de vehículos pesados que circulan por la zona. El jefe comunal dijo que las paredes de adobe de la iglesia no aguantarán por mucho tiempo. El jefe comunal, se refirió de ese modo a la multiplicación del tráfico

vehicular de la Ruta PY01, que pasa enfrente y a un costado del templo. El aumento del tráfico fue a partir de la habilitación de la vía que une Paraguarí con Villarrica. El centro de conservación del patrimonio cultural es un organismo no gubernamental, sin fines de lucro, de carácter autónomo y multisectorial, integrado por profesionales vinculados a diferentes aspectos del gran tema de la conservación de los bienes culturales. Al observar el proceso de deterioro de edificios, sitios y áreas de valor cultural y ambiental de nuestro acervo museístico y documental, se creó un programa alternativo para la protección de los mismos, en noviembre de 1991, tarea que se institucionalizó en marzo de 1994 con la fundación de Conservación del Patrimonio Cultural, orientado hacia todos los estamentos del centro de la comunidad, con el objetivo de difundir y promover la aplicación de principios y políticas de la preservación, restauración y puesta en valor del patrimonio histórico, y su proyección como factor de desarrollo. Para ello se aplica un sistema que fortalece y asegura la participación pública en protección de nuestra herencia cultural: socios patrocinadores, grupos de voluntarios y amigos colaboran desde el Centro de Conservación del Patrimonio Cultural en los diferentes proyectos de revitalización de edificios y distritos históricos, en programas educativos y de carácter social.

Lo que queda hoy después de todos los avatares de este templo y a pesar de las cosas que se perdieron, su visión sigue siendo majestuosa. El exterior, como se apuntó más arriba, es de una llamativa sencillez, si bien las intenciones en un comienzo fueron otras. Gustavo Gutiérrez lo cita a Francisco de Aguirre, quien escribió: "Quisieron hacerla de bóveda y ya estaban sacando los cimientos y altas las paredes más de una vara cuando puso contradicción el cura al administrador, pidiendo que se hiciese al estilo general de la Provincia y el Gobernador lo resolvió por ser obra inacabable y superior a las fuerzas del pueblo”. La Torre dejó escrito en su informe de la visita pastoral a Yaguarón en 1761, que el administrador del pueblo “ideó hacer una magnífica iglesia de piedra por sus intereses particulares y después de haber comenzado unos costosos cimientos y levantado la obra poco más de una vara de tierra, se frustró esa idea y se perdió tan costoso trabajo, determinando después de hacerla de postería. Siendo cosa ridícula haber gastado no poco en la construcción del retablo mayor, de presente, estando de futuro el templo” A un no pesar de esta sencillez, el volumen que de pronto se levanta en el centro de gran espacio verde, en medio del pueblo, impresiona en cualquier momento, sólo la primera vez. En la fachada hay tres puertas chicas que corresponden a las tres naves que posee el templo. Y a la derecha de la puerta principal, de madera, de dos hojas profusamente trabajadas, hay una piedra rosada con un bajorrelieve en donde se puede adivinar, ya a duras penas, a Sansón luchando con un león. Y hay una fecha: 1755. Josefina Plá señala que esa podría ser la fecha de la consagración del templo. Apenas se entra al templo, se percibe la monumentalidad del mismo. Un Cristo crucificado, tallado en madera, es la primera imagen que se percibe. Y a los costados, confesionarios que sobrevivieron a las revoluciones mencionadas. Aparentemente iguales, no se repiten en ninguno de ellos motivos decorativos del otro. Debidamente restaurados, han perdido su función original y ahora figuran nada más que como "piezas de museo”. El techo y las columnas están profusamente decorados con formas inspiradas en la comunidad, decoración que se prolonga hasta el retablo central. Esta es una modalidad que estuvo muy en boga en la época. Algo similar puede verse en el templo de Capiatá y hay algunos vestigios, aunque muy incompletos, en templos de la zona. Los dos altares laterales han sido sustituidos por otros, ya que ellos, fueron trasladados a mediados del siglo pasado al templo de Trinidad, en las afueras de Asunción.


Yaguarón ya existía como un asentamiento indígena antes de la llegada de los españoles, posiblemente con el nombre de Yaguarú. Algunos historiadores afirman que Yaguarón fue fundado por Domingo Martínez de Irala en 1539.

Características más relevantes del templo

Ø  El templo se caracteriza por su estilo barroco-guaraní, con una notable sencillez en el exterior pero una gran riqueza y exuberancia en el interior.

Ø  Tiene 70 metros de longitud, incluyendo los pórticos, y 30 metros de ancho, dominando el paisaje de la ciudad.

Ø  La iglesia fue construida principalmente con madera de lapacho, lo que contribuye a su notable estado de conservación.

Ø  La fachada es de estilo simple y limpio, con un techo a una sola vertiente y paredes encaladas.

Ø  El campanario no está integrado al techo, sino que es una torre de madera independiente.

Ø  El interior esta profusamente decorado con pinturas, esculturas y tallas en madera dorada, reflejando la fusión de la cultura indígena y la influencia española.

Ø  El templo ha sido declarado Patrimonio Cultural Nacional bajo la Ley N° 2206 y en 2022, ha sido postulado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Esta designación subraya su importancia histórica y cultural en el contexto paraguayo.


Estado actual y conservación

Actualmente, el templo se encuentra en necesidad de una urgente restauración, ya que desde 2015 las obras se encuentran paralizadas.

La falta de fondos gubernamentales obliga a la comunidad local a recaudar dinero para el mantenimiento y conservación del templo.

A pesar de los desafíos, el templo sigue siendo un centro religioso y cultural de gran importancia para Yaguarón y la religión.

El Templo de San Buenaventura no solo es un símbolo religioso para la comunidad de Yaguarón, sino también un testimonio vivo de la historia cultural del Paraguay. La preservación y restauración del templo son esenciales para mantener su legado para futuras generaciones, asegurando que siga siendo un lugar de encuentro espiritual y cultural.


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